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- Disculpe señorita.
Luisa se paralizó cuando oyó la voz de aquel hombre, su traje negro parecía costoso y de diseñador, camisa blanca, corbata azul, y un pañuelo con borde dorado aparecía en el bolsillo de la chaqueta.
- Disculpe señorita, -repitió el hombre, parecía como de treinta y tantos, corpulento, al menos de un metro noventa de alto-. Creo que esto le pertenece. -Extendió la mano mostrando un monedero.
Luisa al verlo reviso de inmediato su bolso y confirmó que sí era el suyo. Observó el monedero un momento y luego dirigió la mirada expectante al hombre que seguía esperando que la chica tomara el monedero, al ver que ella no hacía nada lo puso directamente en su mano.
- Lo dejó sobre el mostrador cuando compro su bebida.- Continuó hablando él-. Debe tener más cuidado.
Luisa guardo el monedero en el bolso, comprendió que debía dar las gracias al comedido caballero, pero le preocupo de que su voz no sonara convincente, era la primera vez que salía como chica y no tenía la suficiente práctica. Se las había arreglado para casi no emitir palabras ese día, había comprado su jugo señalando el dibujo en el menú de la pared. Le dio un sorbo a su jugo de coco y vio que en la pajilla quedo un poco de su pintalabios <<Ahora soy una mujer>> pensó <<puedo hacerlo>>.
- Gracias, -dijo nerviosamente y tan suave que era casi imperceptible.
- Perdón, ¿cómo dijo?
- Gracias, -volvió a decir ella, pero esta vez un poco ms alto pero igual de nerviosa.
- Bonita voz. -Él esbozó una sonrisa que ella regreso.
- Gracias. -Esta vez tenía menos nervios y su voz sonó más natural, todo era por causa de esa sonrisa.
- Me llamo Manuel, ¿Y tú?
- Luisa.- Extendió la mano en espera de que Manuel la estrechara, en vez de eso, el tomó delicadamente la mano y la besó, gesto que provocó en ella una risita.
- ¿Me permite que la acompañe?
Luisa accedió, Manuel le pareció un hombre guapo. Sintió que tenía suerte era la primera vez que se atrevía a salir en público como una chica y ya estaban tratando de ligar con ella.
- ¿En qué universidad estudias?
- No estoy en la U. -Le sorprendió que le hiciera esa pregunta, seguramente el maquillaje le aumentaba unos años. Se preguntó que pensaría si se enteraba que tenía diecisiete.
- Ah, entonces trabajas.
- No, no, estoy acabando el colegio.
- ¿El colegio? ¿Qué edad tienes?
- Dieciocho. -Respondió Luisa después de pensarlo unos segundos-. Es que tuve que repetir un año.
- ¿Dieciocho? ¿En serio? -Manuel no pudo contener la risa-. Hubiera jurado que tenías veinte y cuatro, ahora me siento un "roba cunas" -Siguió riendo un poco más.
- ¿Te vas a ir porque soy muy joven? -A Luisa de verdad le estaba gustando Manuel, así que pensar que él se iría le irritaba.
- No, no. -Respondió Manuel al ver los ojos brillosos en el rostro de ella-. Si quieres te seguiré acompañando. -Luisa asintió con la cabeza.
Caminaron juntos por el centro comercial sin rumbo, charlando mayormente sobre cosas sin importancia. Luisa se enteró que Manuel estaba divorciado, era papá de mellizos a los que casi no veía y que andaba en busca de un nuevo amor. Por su parte Manuel no pudo sacarle mucha información a Luisa, salvo que quería estudiar diseño gráfico y que su color favorito era el negro, no le importo mucho, el que fuera tan inaccesible era parte del encanto de ella.
- Me gusta tu cabello. -Le alagó Manuel.
- Gracias, me lo cuido mucho. -Eso era cierto, su cabello negro largo hasta la cintura era el resultado de varios años de cuidado. Su mamá no aprobaba el cabello largo en los hombres, pero lo toleraba pues daba como pretexto que quería parecerse a sus ídolos del rock, por lo mismo también se había agujereado las orejas en tres lugares distintos.
- Me gusta cómo te viste. -Un nuevo alago por parte de Manuel que hizo que Luisa se ruborizara.
- Ay, gracias. -Luisa sonreía complacida, había escogido bien de los armarios de su mamá y su hermana, de su mamá eran la blusa blanca y la faja tipo corset que llevaba bajo esta que hacía que se le formara una estilizada cintura, de su hermana eran las pantimedias negras, la minifalda plisada roja a cuadros y la boina igualmente roja. Lo único que era suyo eran los botines de tacón que aumentaban quince centímetros a su estatura, sus pies eran más grandes que los de cualquier mujer de la casa, por lo que tuvo que ahorrar su mesada durante casi tres meses para comprar unos zapatos a su medida.
- Pero hay un problema. -Esta afirmación de Manuel causo que Luisa dejara de sonreír-. Veras, es que... -Se acercó a Luisa para hablarle al oído-. Se te movió una teta de su sitio.
Luisa miro hacia abajo y comprobó que el relleno de su sostén se había movido de tal modo que en vez del pecho izquierdo tenía tres extrañas protuberancias, se tapó con los brazos y salió corriendo llena de rabia hacia sí misma por tal descuido, sentía que Manuel debía estar odiándola porque no le había dicho la verdad.
Entró en un pasillo más pequeño que llevaba a los baños, en ese momento sintió una mano posarse en su hombro que la obligo a girar para quedar frente a Manuel, trató de zafarse pero él la abrazo para evitar que volviera a huir, ella dejó finalmente de luchar y apoyando su rostro en el pecho de Manuel lloró.
- Está bien, -dijo Manuel tratando de tranquilizarla-. Me gustas.
- Pero, pero, yo te engañe.
- No precisamente. -Luisa quedó en silencio, Manuel siguió hablando-. Cuando te vi la primera vez te creí una chica, pero en el momento en que te oí hablar te delataste, y eso en vez de desagradarme me llamo más la atención, jamás pensé que un hombre pudiera lucir tan sexy como una modelo. -Luisa seguía bastante sorprendida como para hablar-. Mira, anda a arreglarte un poco y luego hablamos.
Luisa ingreso en el baño de las mujeres, se aseguró de que no hubiera nadie y comenzó los arreglos, primero la teta que se había salido del sitio y luego el maquillaje que se corriera por las lágrimas. Se tardó más de media hora intencionalmente con la esperanza de que Manuel se cansara de esperar y se fuera, pero él seguía ahí. Ella sacó su celular del bolso y comprobó que se estaba poniendo tarde y tenía que regresar a su casa antes que su familia, se armó de valor y salió.
- Tengo que irme ya -Dijo Luisa sin detenerse, pero Manuel ya le había puesto de nuevo la ruda mano en el hombro-. Déjame ir.
- No hasta que hablemos. -La voz grave de Manuel, que casi sonó a que daba una orden, hizo que Luisa se detuviera-. Vamos a sentarnos-. Luisa le siguió hasta un banco cercano.
- Cuando te vi, -comenzó Manuel-. Sentí un flechazo y cada momento que pasé contigo esa flecha se enterró aún más hondo. -La mirada de Luisa denotaba sorpresa-. No te estoy pidiendo que seamos novios, solo te pido que me des una oportunidad y veamos qué pasa.
- Tú también me gustaste desde que te vi. -Luisa ya no trataba de afinar la voz pero su tono era más dulce de lo que había sido hasta ese momento-. Pero nos acabamos de conocer y no sé si solo te encaprichaste conmigo o sí de verdad... -Antes de que pudiera seguir hablando, Manuel apegó sus labios a los de ella en un beso que duró unos cuantos segundos.
- ¿Realmente no tengo ni una oportunidad? –Manuel esperó que Luisa le diera una respuesta, pero de ella no salió palabra alguna, en vez de eso cerró los ojos, puso su rostro hacia el de él y espero con los labios entreabiertos. El segundo beso fue más largo, sus lenguas se encontraron en varias ocasiones y sus manos se entrelazaron-. ¿Te parece bien que tengamos una cita el próximo viernes? –Luisa asintió efusivamente con la cabeza para luego envolver con sus brazos el cuello de Manuel y plantarle un tercer beso.

Había logrado llegar antes que su familia, colándose por el patio de atrás y entrando por la puerta de la cocina que daba a ese patio. Apenas y pudo devolver las ropas prestadas a su sitio, cuando oyó que la puerta de la entrada principal se abría, aún tenía mucho maquillaje en la cara por lo que decidió meterse en la ducha con la esperanza de que el agua caliente le ayudara a librarse de él.
Estaba ya en su habitación dedicándose al secado de su cabello cuando entró su mamá sin anunciarse.
- Hola mijo. –Dijo al entrar-. Era que vengas con nosotros, la pasamos muy bien.
- La bendición mamá. -Respondió Luis-. Yo también la pasé muy bien.
- No entiendo porque nunca quieres con nosotros, te estas volviendo antisocial…
El regaño que estaba recibiendo por parte de su madre era el habitual por lo que no le ponía mucha atención, en vez de eso trataba que la toalla y su cabello ocultaran el hecho de que sonreía, empezó a hacer una lista mental de la ropa de los armarios de su mamá y su hermana, decidiendo con cual luciría mejor para su cita del próximo viernes.

Fin.
- Es rosado -se quejó Alex al ver su imagen en el espejo.
- Tiene que ser rosado. -Mamá subía la cremallera ubicada en la parte de atrás del vestido-. Es tu fiesta de quince.
- Ya, pero recuerdo que el vestido de Verónica era más... moderno y más oscuro, este es pastelazo, parece el que le ponen a esas muñecas.
- Es que tú eres una muñeca -dijo Verónica mientras le colocaba en el cabello una peineta que tenía como adorno una gran flor rodeada de otras flores más pequeñas, todas igual de rosa que el vestido-. Es tu estilo.

Aquella fiesta era la última ocurrencia conjunta de mamá y Verónica, se la habían ocultado a Alex hasta el último minuto para que no pudiera sabotearla. Alex no supo nada hasta que en la mañana regresara de hacer unas compras que le pidiera mamá y se encontró con que en la puerta de entrada había un gran listón color rosa y adentro estaban Andrés, Verónica y Jairo colocando varios adornos para una fiesta.
- ¡Viva la quinceañera! -grito Andrés tan pronto vio que Alex entraba a la casa.
- ¡Que viva! -gritó el pequeño Jairo.
La idea de "quinceañera" no le agrado para nada así que soltó las bolsas de las compras y dio media vuelta para huir por donde había entrado pero Verónica ya había cerrado la puerta.
- ¿A dónde ñañita? -interrogo Verónica.
- Ni loco me pienso poner un vestido de quince años -dijo Alex torciendo la boca, ya había soportado muchas cosas provenientes de su mama y su hermana, cosas como que casi tiraran a la basura su ropa de chico o que todas las noches le obligaran a vestirse de chica para la merienda, y, el peor de todos que fueran al colegio a solicitar que le permitieran ir con el uniforme de las mujeres, petición que, afortunadamente para él, había sido rechazada, pero esto de la fiesta no pensaba aguantarlo-. Me voy de aquí.
- No seas así -intervino Andrés-. Mamá se ha esforzado mucho organizando esto, ya más de dos semanas que anda en esto.
- Yo no quiero una fiesta de quince, además cumplí el miércoles...
- Eso no importa -le interrumpió Verónica-. Los quince años siempre se celebran unos días antes o después, lo importante es celebrarlos, es algo que todas las chicas esperan con ansias.
Alex pensaba en la mejor forma de decir que agradecía mucho el esfuerzo de su mamá pero que no había forma de que le convencieran de usar un vestido rosa y bailar frente a un montón de gente.
- Saúl será tu "chambelán" -agrego Verónica-. Ya vi la ropa que usara, estará guapísimo.
Que Saúl supiera de la fiesta y que no le dijera nada le enojaba un poco, pero le gustaba la idea de verlo vestido con frac y se quedó pensando en alguna escusa que le permitiera zafarse de la fiesta y al mismo tiempo le dejara ver a Saúl usando el frac, no encontraba ninguna.
Al silencio de Alex, Verónica, lo tomo como una señal de que estaba de acuerdo con todo, lo tomó de la mano y lo llevo a su habitación donde estaba esperando mamá con el ajuar que tendría que usar listo.
Entre el peinado, el maquillaje y vestirse transcurrieron algo más de dos horas, tiempo en el cual, Alex, ocasionalmente se asomaba a la ventana y observaba que llegaban diferentes personas, le pareció que unos hombres con pintas de meseros traían bandejas de comida, poco después llegaron otros trayendo parlantes de más de metro y medio de alto, más recientemente vio a algunos familiares que no veía desde hace mucho. Ya se oía una gran actividad en la parte de abajo, se le hizo un nudo en el estómago.
- Mira la hora que es -exclamó mamá al ver su reloj pulsera-. Ya nos tenemos que alistar nosotras también mija -. Le dijo a Verónica.
- Sí, no queda mucho tiempo -respondió ella-. Ñañita te dejamos sola, quedaste bellísima, no te desarreglaras.
Eso le había sonado como una amenaza, no habiendo otra cosa que hacer mientras esperaba, Alex encendió su computadora y jugó un juego de peleas, estaba tan nervioso que no podía concentrarse y perdía humillantemente a cada rato, se cansó de aquello y decidió sentarse en la cama a esperar. Casi una hora después se oyó que llamaban a la puerta.
- Alex estás lista. -Era la voz de papá.
- Ya voy. -Respiro profundamente y exhalo, volvió a repetir aquello en busca del valor necesario para salir a enfrentar a los invitados, se colocó las sandalias y se dirigió a abrir la puerta.
- Tu cabello luce más largo -dijo papá- ¿Es peluca?
- No, son extensiones -respondió Alex.
- Te queda bien - extendió su brazo para que Alex lo tomara y así lo hizo-. Oye, se supone que tenemos que bailar el vals junto, bueno...
- No te preocupes papá, yo tampoco quiero hacerlo.
- Menos mal -papá sonrió de alivio.
Estaban ya bajando las escaleras, se oyó en los parlantes una voz que primero pedía atención a los invitados y luego anuncio con gran alegría.-Ahora hace su aparición la señorita Alexandra-. A Alex no le hizo mucha gracia ser presentado de esa manera, los setenta invitados aplaudieron efusivamente.
Ya casi terminaban de bajar las escaleras y Alex pudo ver que Saúl estaba junto a mamá, el frac que llevaba era negro, dejaba ver el chaleco color gris, camisa blanca y corbata igual blanca pero con unas finas líneas plateadas, era más guapo de lo que había esperado.
Se detuvieron en el último escalón, ahí cumplieron el rito de cambiar las sencillas sandalias de tela por los zapatos de tacón, rito que simbolizaba su paso de niña a señorita. Papá le calzo el zapato derecho y mamá el izquierdo, ella no pudo contener una lagrimilla, los invitados volvían a aplaudir.
El dj anunció el inicio del tradicional vals, iniciarían el baile primero el papá y la festejada juntos, casi no lo hicieron pero una mirada desaprobatoria de mamá les hizo cambiar de opinión. Dos minutos después se anunció el baile por parte de la quinceañera con su chambelán, y Alex y Saúl quedaron en medio del círculo que habían hecho los invitados.
- Estas guapísimo -dijo Saúl.
- Gracias. -Alex trataba de seguir el ritmo pero a ratos lo perdía, casi tropezaba- ¿Sabías esto verdad?
- Desde hace rato.
- ¿Por qué no me lo dijiste?
- Porque creí que si lo sabias te ibas a fugar. -Saúl ahogo un quejido cuando Alex le piso un pie, no supo si fue intencional o por su falta de ritmo-. Y a mí me gustaba la idea de verte como una quinceañera -sintió otro pisotón solo que este si parecía intencional.
- Sabes que lo de los vestidos solo los aguanto cuando salimos juntos, esto es muy diferente.
- Tú siempre luces lindo con ropa de mujer.
- A veces creo que tú también quieres que deje de usar ropa de hombre. -Alex torció los labios en una mueca de enojo, mueca que de algún modo parecía aumentar la feminidad en su rostro.
- Mentira, no importa lo que te pongas tú siempre serás mi novio. -A Saúl le encantaba aquella mueca.
- Entonces, tan pronto como se descuiden mis papas, me voy a cambiar de ropa y me iré a algún otro lado -dijo Alex que aun tenia torcidos los labios-. Y si me quieres te vas a ir conmigo.
- Claro que me voy contigo -dijo Saúl-. Pero tienes que dejarme ver cuando te quites el vestido.
- Bobo. -Alex bajo la mirada para que Saúl no viera que su comentario hizo que sus mejillas se sonrojaran-. Sabes, este vestido tiene el cierre en la parte de atrás y no lo alcanzo, necesitare que me ayudes a quitármelo.
Saúl movió afirmativamente la cabeza y ambos sonrieron.
De entre la multitud una voz femenina comenzó a gritar "beso" una y otra vez, a Alex le pareció que se trataba de la voz de Verónica, pronto todos los invitados estaban pidiendo ese beso a coro.
- Sé que no te gusta que nos besemos en público -le susurro Saúl en el oído a Alex-. Me das solo un besito en la mejilla y creo que con eso se calman.
- Te amo. -Sin decir nada más, Alex, rodeo con sus brazos el cuello de Saúl, se paró de puntitas y le dio un largo beso-. Ya no me importa quién nos mire.
Saúl devolvió el beso mientras la gente al rededor aplaudía y vitoreaba.
Daban las seis y quince, el sol comenzaba a ocultarse, la pareja de enamorados se dirigían a la casa de Alex y las luminarias a ambos lados de la calle parecían encenderse a su paso. Saúl tenía muchas ganas de tomarle de la mano a Alex pero no se atrevía a hacerlo debido a que su pequeño tigre ya no vestía las prendas femeninas, lo que quedaba aquellas ropas estaban dentro de un mochila que él llevaba al hombro, lo que Alex tenia puesto era una camiseta y un pantalón que le prestara Saúl, ambas le quedaban grandes, la camiseta casi hasta las rodillas y el pantalón era tan largo que le tuvo que hacer varios dobladillos a las vastas, por calzado chancletas que al igual que la ropa eran muy grandes y le dificultaban un tanto el caminar.

-¿Seguro que no quieres que te acompañe a hablar con tus papás? -Era la enésima vez que Saúl preguntaba lo mismo.

-No -Alex volvía a negarse por enésima vez.

-¿Por qué no? creo que será más fácil si estoy ahí apoyándote.

-No, más bien si estás ahí me sentiré incómodo y me va a ser más difícil expresarme.

-Quiero estar contigo apoyándote.

-Vas a estar -al decir esto Alex extendió la mano hacia Saúl para que viera que en ella llevaba el pequeño sobre de papel que guardaba el anillo.

Llegaban ya a la entrada.

-Si te hace sentir mejor puedes quedarte aquí afuera por si algo pasa -Se paró de puntitas y le dio un beso en la boca como otras veces lo había hecho, solo que esta vez ya no miro al rededor, no le importo que alguien los viera y a Saúl tampoco parecía importarle.

-Aquí estaré -dijo Saúl cuando terminaron de besarse.

Alex se acomodó la mochila y se encaminó a la puerta, iba a buscar las llaves de la casa en el pantalón pero la larga camiseta cubría los bolsillos y entonces recordó que no estaba usando su ropa, lo que le dejaba dos opciones o golpeaba la puerta o tocaba el timbre, opto por el timbre y esperó a que le abrieran.

-¡Ya llegó! -Gritó Verónica cuando vio quien era el que había tocado el timbre, lo tomó de la mano, lo jaló para adentro y volvió a cerrar la puerta.

-Uta, ñaña ni sabes la que se armó aquí, cuando llegué papá estaba gritando, mamá lloraba, el Jairo en el sillón con cara de tonto sin saber que pasaba -Verónica hablaba a mil por hora sin detenerse ni siquiera para respirar- Entonces el Andrés grito fuertísimo cosa que todos nos callamos y el man se lanzó un discurso así de enorme -extendió los brazos tanto como le fue posible para que quedara claro cuan enorme fue el discurso- sobre la familia y sobre apoyarse el uno al otro, cosas que yo así -abrió la boca imitando un rostro estupefacto- no tuve que decir nada para defenderte porque él solito se encargó de eso.

-¡Mija! -Mamá llegó corriendo y le abrazo- Mira no más, yo teniendo otra hija y no me he enterado -Le dio un beso en la mejilla y otro más en la frente- ¿Estas bien? ¿Y ese vestido que usabas en la foto? -Vio que Alex mostraba la mochila- ¿Por qué no la traes puesta? Debe estar sucia, no importa, que tu hermana te preste algo y mañana te compramos ropa nueva ¿Tienes hambre? Ahora mismo te preparo algo.

Alex trataba de aclarar en su mente todo lo que le había dicho Verónica y sumarle todo lo que dijo mamá, eran demasiadas cosas, hasta ahora lo más sorprendente era quien había sido su defensor, dejo de pensar porque ahora se acercaba papá.

-Bien, tengo dos hijas -fue lo único que dijo con su habitual tono estoico, dio media vuelta y se dirigió a la sala, donde también se encontraba Jairo, el menor de los hijos.

Aquellas palabras más que tranquilizarle le sonaron más a una sentencia, quería explicar que no tenía intenciones de usar falda todos los días y lo hubiera hecho de no estar tan sorprendido como lo estaba.

-Hola, ñaña -Andrés se acercó, en otras ocasiones hubiera infringido alguna tortura a Alex pero hoy no-¿Cómo estás?

-Bien –Alex hubiera preferido mil veces que Andrés le saltara al cuello y le diera coscorrones en vez de que le obsequiara aquella amable sonrisa- ¿Tú me defendiste?

-Sí.

-Pero tú me odias.

-¿Cómo te voy a odiar si eres mi familia? –Puso su mano tiernamente en la cabeza de Alex y continuó hablando- Lo que a mí me gustaba era hacerte enfadar, pero ya no lo haré más, no me gusta molestar a las mujeres.

Andrés se apartó y se dirigió a su habitación asegurando que tenía que prepararse para salir con su novia, Alex quedó en silencio junto a Verónica.

-Así que –Comenzó a decir ella- ¿Qué estuviste haciendo?

-¿Eh?

-No te hagas, la foto llegó como hace tres horas y media, si hubieras venido directamente de halla tendrías que haber llegado hace más de dos horas entonces, ¿dónde estabas y qué estabas haciendo?

-No te interesa –Alex miró hacia otro lado haciendo un puchero y dispuesto a no decir nada más.

-Nada, nada –Verónica le abrazó lista para comenzar un largo interrogatorio- me vas contar todito, lo quiero saber todo con detalles.

Alex tomó la decisión de no decir nada a Verónica que ya le estaba arrastrando a su habitación para prestarle ropa, tal vez le enseñaría el anillo que le había regalado Saúl tan solo para darle envidia.

-¡Ah! Espera –Alex se soltó de Verónica y fue hacia la ventana, casi se olvida que Saúl esperaba afuera.

La noche casi se había apoderado totalmente del cielo, ya varias estrellas mostraban su brillo, mientras un viento frío recorría las calles haciendo que Saúl tiritara. Los minutos que pasaron se le tornaron eternos, estuvo esperando oír gritos o alguna clase de actividad que le indicara que Alex necesitaba su ayuda pero todo estaba tan calmado que no sabía que pensar, quizá sería buena idea acercarse y llamar a la puerta, sí, eso sería lo mejor.

Comenzó a andar y de inmediato se detuvo al ver que las cortinas de una ventana se movían, poco después asomó Alex quién saludo con su mano y luego mostró un puño con el dedo pulgar extendido como señal de que todo estaba bien, le dedicó un beso volado, se despidió y desapareció tras las cortinas.

Parecía que ya no había nada más que hacer, Saúl caminó unos cuantos metros y volteó para mirar la ventana de nuevo por si acaso volvía a aparecer Alex pero no fue así, todo parecía estar bien y eso le hizo feliz, comenzó a preguntarse si Alex aceptaría salir de nuevo la próxima semana.


    FIN 
Alex había estado tantas veces en la casa de Saúl que ya conocía la mayor parte de esta, sabía que la mama de Saúl guardaba todas las bolsas plásticas en las que traía las compras del supermercado en la última gaveta del mueble de la cocina, tomo una pequeña transparente la lleno de cubos de hielo que tomo del congelador y se la llevo a su novio que estaba sentado en medio del sofá de la sala.

-Un día de estos te voy a enseñar a pelear -dijo mientras le colocaba la bolsa con hielo en la parte de la cabeza donde recibió el golpe.

-Auch -Saúl se quejó al sentir el frio contacto de la bolsa- me hubiera gustado poder defenderte.

-Está bien, lo tuyo nunca ha sido pelear -Alex se sentó en el sofá y apoyo su cabeza en el hombro de Saúl, termino pareciéndole una posición no muy cómoda así que se recostó y ahora su cabeza descansaba sobre una de las piernas de Saúl- Si te hace sentir mejor cuando apareciste de repente los dos se desconcentraron y yo pude terminar la pelea.

-No, yo quería...

-Shhh -Alex voltio su rostro para que Saúl viera que tenía un dedo índice en los labios como señal de que se callara- En serio está bien.

Pasaron unos minutos y el silencio entre los dos era tal que el tic-tac del reloj de la pared empezó a retumbar en toda la sala.

Saúl acariciaba el cabello de Alex con la mano que no estaba sosteniendo la bolsa con hielo, buscaba mentalmente una manera de ayudar a su pequeño tigre a encarar la situación que le esperaba en casa, tal vez si le acompañaba y explicaba a sus suegros que lo suyo era un amor sincero ellos le aceptarían tal como es, pronto abandono esa idea porque era seguro que Alex no lo dejaría ir con él y mucho menos hablar con sus padres, luego volvió a retomarla porque no iba a dejar solo a su amado, iría aunque él se opusiera.

Por su parte Alex imaginaba que le esperaba una enorme reprimenda sobre la decepción que era tener un hijo como el, en el mejor de los casos su papa cumpliría aquella amenaza del colegio militar y en el peor... no quiso pensar en aquello, a pesar de no ser muy religioso rezo para que aquella foto no fuera vista por ningún familiar suyo.

-Oye, mmm -Se notaba que en la voz de Alex había preocupación- ¿Crees que si me echaran de la casa tus papas me dejarían vivir aquí por un tiempo?

-No digas eso -A Saúl le pareció que el dolor de su cabeza se había adormecido lo suficiente como para dejar a un lado la bolsa con hielo, que en ese momento ya era más agua que hielo, ahora con sus dos manos libres hizo que Alex se incorporara hasta dejarlo de rodillas sobre el sofá y él se acomodó de tal modo que quedaron frente a frente- Estoy seguro te querrán igual que siempre.

La expresión en el rostro de Saúl era una mezcla de esperanza infinita de que todo estaría bien y al mismo tiempo de temor de que todo saldría mal, lucia tan indefenso, como un pajarito herido, Alex siempre sentía la necesidad de protegerlo, era cierto que él era más alto y más varonil pero su carácter era más gentil, si tenía que pelear con alguien parecía no querer lanzar el golpe por temor a dañar a su oponente, por eso era Alex quien terminaba peleando en su lugar, comprendió entonces que si él se desmoronaba Saúl también lo haría, así que enjugo sus lágrimas y saco una sonrisa de donde no tenía.

-Voy a hablar con mis papas y todo estará bien -Alex lo dijo como si estuviera convencido de eso aunque no fuera así.

Alex era siempre tan valiente, era una de las cosas que Saúl amaba de él, siempre dispuesto a enfrentarse a quien sea para defender a sus amigos a pesar de que su oponente le doblara la estatura, pero había algo del que solo Saúl parecía percatarse, una dulzura que se escondía tras ese fuerte carácter que Alex tenia, sabía que aquellas palabras las dijo para tranquilizarlo pero se encargaría de que se hicieran verdad.

-Fue un día pésimo -Después de decir esto Ale soltó un amargo suspiro.

-Sí, pero a ratos la pasamos bien ¿verdad?

-Sí, supongo.

-Mira, yo tengo algo para ti -Comenzó a buscar algo en los bolsillos de su pantalón, parecía haber olvidado donde guardó ese algo, al fin saco un pequeño sobre de papel y se lo ofreció a Alex – fue idea de mi mamá, dijo que para que lo nuestro sea un noviazgo formal tenías que llevarlo puesto.

Alex sacó del sobre un anillo que en su mayor parte plateado y los filos eran dorados, tenía una pequeña rosa que en su centro tenía incrustado una piedrecilla roja, la hizo girar y miro con sorpresa que sus nombres, Alex y Saúl, estaban grabados y en medio de ellos dos corazones entrelazados, le pareció tan cursi y al mismo tiempo le encantaba tanto.

-Ella lo mandó a hacer, dijo que el primer noviazgo es algo importante y que teníamos que recordarlo con cariño, te lo iba a entregar cuando acabara la cita y, bueno supongo que ya terminó.

Se lo probó en el dedo anular, le quedaba grande, trató en el dedo medio y tampoco.

-No me queda.

-Oh, supongo que mamá podrá mandarlo a arreglar.

-No –Saúl extendió la mano para que le entregara el anillo pero Alex cerró la mano y la atrajo hacia si- es perfecto, lo voy a poner en una cadenita y llevaré conmigo siempre.

-¿O sea que te gustó?

-Mucho –Le dio un beso rápido y luego volvió su atención nuevamente al anillo que estaba en su palma y pensó que el día no había sido tan malo- Sabes –lo puso nuevamente en el sobre y lo dejó sobre la mesita de centro- La cita aún no acaba.

-¿Ah?

-Pensé que terminaría de un modo más romántico –Se acercó a Saúl y poniendo una mano en su rostro le dio un largo e intenso beso- creo que aún podemos acabarlo así.

Saúl se sorprendió por el beso y porque la otra mano de Alex estaba recorriendo su abdomen, no supo cómo reaccionar.

-¿No quieres?


Alex dio otro beso más intenso que el primero y luego se separó esperando a Saúl, este por fin atinó a mover afirmativamente la cabeza, Alex volvió a besarlo y con sus manos acariciaba el cuerpo de su novio, mientras una de las manos de Saúl comenzaba a explorar debajo de la maltratada falda de Alex.

Saúl iba a seguir a Alex pero Gloria le agarró de la muñeca.

 

-No es normal -Las lágrimas empezaron a rodar por las mejillas de Gloria y su voz parecía quebrarse en pequeños chillidos- Lo que sientes por Alex no es normal, es un hombre ¿por qué no te fijas en mí?

 

-No sé si es normal o no, solo sé que amo a Alex y que quiero estar junto a él -dicho esto Saúl se soltó de Gloria y empezó a correr para ir en busca de Alex, oyó que Gloria rompía en llanto y gritaba su nombre pero no volteo a verla, sintió pena por ella pero Alex era más importante.

 

Afuera Alex caminaba sin saber a dónde, tan solo caminaba para alejarse, de nada en particular, tan solo quería alejarse, quedarse solo en algún sitio en que nadie lo viera llorar, porque sabía que lo haría en cualquier momento y ya había sufrido bastante humillación como para que también se burlaran de él por llorar.

 

De un momento a otro todo se tornó irreal, Alex fue levantado del piso con pasmosa facilidad, no comprendía lo que pasaba, miro a su izquierda y vio a un chico bastante alto, era al menos medio metro más grande que él y se notaba que hacia ejercicio regularmente, pero lo que llamó su atención fue que llevaba la cabeza rapada excepto por un ridículo mechón color verde que caía por su frente, trato de ver al sujeto que lo aprisionaba pero desde donde estaba no pudo distinguir muchos detalles, tan solo que era tan alto como el otro y que tenía un corte de cabello tipo militar, la risa de ambos langarotes era chocante, uno de ellos declaro que si tanto deseaba ser mujer ellos le harían el favor de convertirlo en una.

 

Lo llevaron a un callejón donde parecía que no serían interrumpidos ni vistos por nadie, el del mechón comenzó a bajarse los pantalones mientras el otro lo apresuraba para poder tener su turno.

 

-Virgen.

 

-¿Eh? -El del mechón se detuvo desconcertado por el comentario de quien creían una presa fácil.

 

-Virgen -repitió Alex con un tono frio a la vez que desafiante- a alguien que tiene esa cara y ese moco verde en la frente seguro que no se le acercan las mujeres, por eso tienes que hacer esta clase de cosas.

 

-Ya vas a ver como se me quita lo virgen -Alex tocó un nervio sensible con su comentario y del mechón se puso iracundo- voy a hacer que te duela.

 

El de corte militar dejo de reír cuando vio que el del mechón caía de rodillas por senda patada que Alex le asesto en la entrepierna. Alex subió sus pies a la altura del pecho del caído y lo uso como trampolín, con el impulso logro que el del corte militar impactara con la espalda la pared más próxima pero le fallo el cálculo, quien lo tenía sujeto era más fuerte de lo que esperaba y no aflojo ni un poco a su presa.

 

-Maldita perra - El del mechón ya se incorporaba con clara evidencia en su rostro de que el dolor era intenso.

 

-Acércate y te dejo inservible esa tontera -Alex pensaba en la forma de librarse de aquel abrazo, pero las cosas se complicaban ya que sus pies no alcanzaban a topar el piso, comenzó a retorcerse y patalear para tratar de escabullirse, no parecía servir de mucho.

 

-Deja de moverte zorra - el pequeño travesti se estaba volviendo difícil de controlar, ya no era solo que intentaba soltarse sino que también empezó a gritar mil groserías, tanta bulla atraería la atención de alguien y estarían en problemas, le tapó la boca con la mano -dale uno bueno a ver si se calma -le dijo al del mechón que ya era capaz de andar -apúrate que se me va a soltar  ¡ARRRGHHHH!

 

Mordió sin piedad la mano sudorosa que se puso a su alcance y del corte militar la retiro inmediatamente, aflojo un poco el abrazo y uno de los brazos de Alex quedo libre, aun lo sujetaba con fuerza, el otro ya estaba totalmente de pie y alzaba un puño el cual lanzo furiosamente en contra del rostro de Alex.

 

Saúl recibió en la sien toda la fuerza del golpe, dio unos cuantos pasos tambaleantes luchando contra la inconciencia, perdiendo y luego cayendo boca abajo en el piso, ninguno de los tres supo de donde había salido, solo que se metió en medio de la pelea y que ahora yacía inconsciente en el suelo, fue tan repentino que todos se quedaron quietos por un instante.

 

El primero en reaccionar fue Alex que aprovecho que el del mechón se puso a tiro nuevamente para darle una segunda patada aún más fuerte que la primera, y este la sintió tanto que se recostó hecho ovillo y se quedó inmóvil, ahora solo quedaba el del corte militar que se negaba a dejarle libre, Alex dio un par de codazos y tuvo como respuesta un quiño en la nuca no muy fuerte, aun le debía estar doliendo la mordida.

 

Alex alzo su mano libre en busca de cualquier cosa y se encontró una oreja, tiro tan fuerte como le fue posible quedando prácticamente colgado de ella, tras unos interminables segundos pudo sentir que sus pies alcanzaban el piso y pudo soltarse, camino tres pasos dio media vuelta para quedar en frente de su captor y se lanzó al ataque, pateo la rodilla haciéndolo tambalear, golpeo la boca del estómago dos veces una con el puno derecho y luego con el izquierdo, el del corte militar se encogió del dolor y su cabeza quedo a la altura de la de Alex quien la tomo con ambas manos y la estrello contra la pared.

 

Todo había terminado pero aún no estaba conforme, vio que el del mechón estaba tratando de incorporarse, camino hasta donde estaba, le pareció que grito algo, quizá algún insulto pero no lo oyó porque en ese momento su mente repasaba lo sucedido con Gloria, recordó el sentimiento de impotencia que le embargo cuando no pudo desquitarse por lo que le hizo, apretó los puños y lanzo la izquierda y la derecha varias veces hasta que se cansó.

 

Alex, aguerrido tigre de bolsillo, uno de los motivos por los que ganaba tan a menudo las peleas era que nadie esperaba que alguien con su aspecto y tamaño fuera tan agresivo.

 

Saúl creía sentir que unas manos le tocaban el rostro pero no estaba seguro, tampoco de donde estaba ni que estaba pasando, el enorme dolor de cabeza evitaba que se concentrara y tampoco estaba seguro de porque tenía ese dolor, le pareció que aquel quiño le había revuelto la mente, ahora lo recordaba, había recibido un quiño, se esforzó un poco en ordenar las ideas, primero paso algo en la discoteca luego salió corriendo de ahí, fue calle abajo pero no encontró a nadie entonces fue en la dirección contraria, camino hasta que oyó gritos provenientes de un callejón se dirigió hacia donde le parecía que venían los gritos y vio que dos tipos tenían sujeto a Alex, eso era, lo tenía que salvar, abrió los ojos e intento ponerse de pie.

 

-Tranquilo, no te levantes -Alex se había arrodillado y colocado la cabeza de Saúl en sus piernas para que le sirvieran de almohada- ya te he dicho que no debes meterte en las peleas, eres bien maleta, ves cómo te dejaron.

 

-Quería ayudarte -Saber que de verdad eran las manos de Alex lo que sintió le tranquilizo e hizo que el dolor disminuyera de modo considerable, cerró los ojos por un segundo y respiro aliviado de que estuviese bien, los volvió a abrir y pensó en los problemas que le esperaban a Alex tan pronto llegase a su casa -perdóname, todo es mi culpa.

 

-Claro que es tu culpa, pero también es mía, yo también querría tener una cita y pasar una tarde bonita contigo -Alex trataba de ahogar el llanto que empezaba a brotar, pero su voz le traiciono y su tono se volvió agudo, una pequeña lagrima se asomó en el rabillo del ojo.

 

Saúl logro sentarse y pudo ver el lamentable estado de la ropa de Alex, la blusa y la falda estaban arrugados y aquí y allá se habían roto y en otros sitios más se encontraban descocidos, las medias se habían corrido en varios lugares dejando ver el color natural de sus piernas, a una de sus sandalias le faltaba la hebilla, además en el lugar donde la blusa debía tener una manga no tenía nada, entonces reparo en la venda que llevaba en la cabeza, tiro de ella para verla y confirmo que era del mismo color de la blusa.

 

-¿Ahora qué voy a hacer? -Alex no pudo contenerse más y lloraba llevándose las manos a la boca.

 

A Saúl le hubiera gustado tener una respuesta pero como no la tenía lo único que pudo hacer fue abrazarle, Alex devolvió el abrazo y así se quedaron durante un tiempo.

Cinco minutos después de ser enviada por cuanta red social estaba registrada Gloria, la foto fue vista por cinco compañeras de su misma aula, quienes la reenviaron a sus más de cien contactos, a los veinte y tres minutos más de la mitad de las personas que conocían a Alex se enteraron de su secreto y la foto seguiría su tour virtual para llegar a las manos de un primo que en ese momento estaba fuera de la ciudad, este decidió que era prudente que los padres del afectado se enteraran de lo que pasaba. La foto, a la que se le agrego el texto de "Alex el travesti" en algún punto del viaje, llego mientras las chicas del grupo de tejido sostenían un video chat, una de sus miembros puso una gran cara de asombro y se desconectó sin dar explicación, a los cuarenta y siete minutos de ser enviada esa imagen suya con maquillaje y ropa femenina estaba causando un enorme revuelo en la casa de Alex. Pero ese era un problema con el que tendría que lidiar en el futuro, ahora lo único que le importaba era que hacer con Gloria.

 -¿Qué? ¿Vas a pegarme? -Gloria vio la furia en los ojos de Alex, pero no le tuvo miedo pues el hecho de que Saúl prefiriera estar con un enano travestido en vez de con ella le producía una furia o igual o incluso mayor que la que tenía Alex, que lanzara el golpe que ella le iba a responder de la misma manera.

Alex mantenía el puño tan apretado que sus propias uñas lastimaban su piel, su corazón latía a mil y su rostro estaba al rojo vivo, sentía que estallaba y todo ese estallido dañaría a Gloria, pero jamás le había pegado a una mujer y supo que no podría lanzar el golpe por mucho que se lo mereciera, entonces sintió que su ira se disipaba y daba paso a un sentimiento de impotencia.

 -Marica -Tal vez Alex no podría pero a Gloria nada la detuvo de soltar una sonora cachetada al rostro de Alex y casi lanza otra más pero su mano fue detenida por la de Saúl.

 -¿Que estás haciendo? -Saúl se puso frente a Alex de tal modo que Gloria no pudiera agredirle de nuevo. -¿Que qué hago? -La pregunta resonó en la mente de Gloria por un momento, ¿que qué estaba haciendo? pues defender lo que es suyo, a su Saúl, estaba dejándole en claro que ella si era una mujer y Alex no - ¿qué es lo que haces tú con esa cosa? -señalaba hacia Alex.

 -No puedo creer que hables de esa manera, confié en ti, te confíe mis secretos, te pedí consejo, te veía como a mi hermana.

Gloria no quería ser su hermana, los hermanos no pueden besarse ni abrazarse, no del modo en que ella quería hacerlo, y su odio hacia Alex se incrementó aún más, sentía el deseo de volver a pegarle, de arrancarle todo el cabello de la cabeza, de desfigurarle ese rostro afeminado para que nadie más se fijara en el de nuevo, y se abalanzo con toda la intención de cumplir ese objetivo.

 La mente de Alex se ausento un momento pensando en que haría si la foto llegaba a manos de su papá, hombre muy drástico el, si tenía suerte le enviaría a un colegio militar para que se convierta en hombre, amenaza frecuente que daba a todos sus hijos varones, en este momento parecía una buena opción para poder alejarse de todos, deseaba irse lejos de ahí porque sabía que una vez que se supiera lo de la foto se convertiría en la burla del colegio. Salió de su letargo cuando sintió que le rodeaban unos brazos, era Saúl que trataba desesperadamente protegerlo de los golpes que trataba de atizarle Gloria, no tenía ganas de que Saúl lo tocase, no quería que nadie le tocara, empujo a Saúl tan fuerte que este terminó cayendo sentado en medio de la pista de baile, a Gloria le tomo desprevenida esta acción tan repentina y se quedó quieta en espera de ver que más hacia Alex.

Alex decidió que era momento de marcharse de aquel lugar, busco con la mirada la peluca que su hermana le compro para la cita, debía estar por el piso, la busco pero no la hallaba, al fin la diviso, estaba sobre la cabeza de un chico de unos quince años que ponía caras graciosas mientras sus dos amigos le festejaban sus gracias. Bien, tendría que irse sin la peluca, luego le inventaría alguna escusa a Verónica, comenzó a caminar rumbo a la salida, oyó que un grupo de chicas cuchicheaba en voz baja entre risitas, le pareció oír la palabra travesti seguida de más risitas, no importaba ya nada le importaba. Comenzó a andar rumbo a la salida con paso lento, tratando de no prestar atención de las miradas que le seguían ni de los comentarios que decían sobre él, ya casi alcanzaba la puerta cuando sintió un impacto en la espalda seguido de la sensación de que un líquido frio le salpicaba la espalda, la lata de aluminio cayó al piso causando un crujido metálico, Alex tambaleo a causa del golpe pero se recuperó rápidamente y siguió su camino, pensó para sí mismo que comparado con los golpes que recibiera en muchas de las peleas en las que estuvo, el dolor de esa lata de gaseosa no era nada, lo importante ahora era alejarse de todos para dejar de escuchar las risas y murmullos.

Al otro lado de la discoteca dos jóvenes de diecisiete años se miraron como comunicándose algo, diciéndose con la mirada que ambos tuvieron la misma idea y confirmándolo al agitar positivamente las cabezas, pocos segundos después salieron tras Alex.
Sus amigas le habían invitado a la discoteca para levantarle el ánimo, ya que desde hace unos días lucia deprimida, pero  para ella la música, la conversación de sus amigas, las risitas que soltaron cuando un chico invito a bailar a una de ellas, todo le era indiferente, hubiera preferido haber dicho que no y estar ahora en su casa porque el recuerdo de lo que sucedió le había perseguido hasta aquí.

Aquel día, ella había perseguido a su amado para confesarle su amor, para pedirle que se convirtiera en su novio, pero él iba con paso apurado quizá en busca de algo o alguien, trato de alcanzarle pero no pudo seguirle el paso y él se perdió entre la multitud. Su corazón le exigía acabar con la espera, ansiaba tenerlo a su lado, tomó impulso y echo a correr de nuevo sin rumbo pero con la esperanza de encontrarlo pronto, y lo hizo.

Pudo ver como entraba a un aula empujado por el pequeño Alex, le molestaba que siempre estuvieran juntos, pero a partir de ese día Saúl estaría con ella, solo tenía que ir y declararse y el aceptaría, estaba segura que aceptaría, había visto las señales que lo confirmaban. Se acercó a la puerta y la empujo ligeramente y esta se abrió un poco, se detuvo cerro los ojos y respiro profundo para darse valor, pero cuando los volvió a abrir vio abrazados a Alex y a Saúl, era claramente un abrazo de enamorados, el abrazo que ella tanto ansiaba recibir, tan embelesados estaban que no la notaron, retrocedió dejando cerrada la puerta. Gloria se sentía herida.

Ahora aquí estaba, en la discoteca, sentada en una mesa esquinera, preguntándose por que Saúl prefería estar con Alex y no con ella. Ya casi todas sus amigas se habían ido a la pista a bailar, junto a ella solo quedaba Laura que hablaba sobre mil cosas para hacerla sentir mejor, pero sus palabras sonaban distantes, no les ponía ninguna atención, miraba a unos chicos que habían logrado meter de contrabando una botella de puntas y ahora por efecto de la bebida se comportaban belicosos mientras los guardias trataban de someterlos, al otro extremo una chica lloraba desconsolada porque su novio la terminó hace unos instantes, en la pista las parejas danzaban alegres ajenas al resto del mundo, y en la entrada varios jóvenes esperaban su turno para ser esculcados para comprobar que no ingresaban con alcohol, revisión que evidentemente podía fallar, para muchos esta era la primera vez en una disco, algunos entraban con cara entusiasta y otros lucían un tanto perdidos, una chica que acababa de entrar encajaba en este segundo grupo, a Gloria le pareció conocida ¿una compañera del colegio? ¿por qué su cara le era tan molestamente familiar? Tras ella la figura de Saúl apareció para tomar de la mano a la chica e ir directo a la pista.

Era una broma, tenía que ser una mala broma, esa chica, esa chica era Alex. El cabello era distinto pero era su cara, su físico, su estatura, no había duda se trataba del molesto enano vestido de mujer, sentía que la estaban humillando, no podía tolerar la situación.

-Laura, ¿tienes aquí tu celular? -se puso de pie y extendió la mano hacia Laura esperando recibir el artefacto.

-Si... si - Gloria había pasado de una gran depresión a una gran ira, Laura no entendía el porqué de tan repentino cambio, sintió que era mejor entregarle su celular.

Apenas terminaban de entrar y Saúl ya le estaba arrastrando a la pista de baile, no era fácil el estar en un sitio como este, odiaba los sitios ruidosos, odiaba los sitios atiborrados de gente, odiaba la música de moda, pero amaba a Saúl y estaba dispuesto a soportar todo esto por estar con él.

-Hay mucha gente -fue el intento de Alex de iniciar una conversación que distrajera a Saúl del hecho de que no sabía bailar, que sus pies estaban clavados al piso y el resto de su cuerpo se mecía levemente como el tallo de un diente de león movido por una tenue brisa.

-En la noche debe haber aún más gente -Saúl por su parte iba con el ritmo alocado de la música sin problema.

Alex seguía sin mejorar su baile, lo que realmente quería era pedirle a Saúl que fueran por agua o algo para refrescarse y luego con algún pretexto irse a la casa, claro que primero llamando a Verónica para que le entregara sus prendas masculinas, pero su novio parecía pasarlo bien, no quería arruinárselo. Al final de varias divagaciones internas le pareció injusto que solo Saúl estuviera disfrutando, tenían que hacerlo los dos, decidido se dejó llevar, dejo que los sonidos invadieran su cuerpo, sus pies siguieron el compás, en realidad iban algo más rápido que el compás. A Saúl el baile de Alex le divertía, no porque fuera destartalado, que lo era, sino porque por fin estaban bailando juntos y no solo uno al rededor del otro, le parecía que bailaba con un ángel, ¡auch!, un ángel que le acababa de patear las canillas.

-Perdón, perdón, perdón -Era la disculpa que solicitaba Alex mientras ayudaba a Saúl a ir a una silla para que se sentara, la patada fue un poco fuerte y provoco que cojeara.

-No es nada, estoy bien.

-No, no, te patee fuerte, déjame verte

Le alzo la basta del pantalón para ver el moretón que le causo su intento de baile, estaba muy morado pero no era grande, le sobo la pierna tratando de calmar el dolor, subió la cara para ver el rostro de Saúl y sus miradas se encontraron y no pudieron apartarlas. De algún modo Alex arrodillado y tocando la pierna de Saúl parecía indebido, o al menos no estaban en el lugar indicado, de pronto Saúl pensaba que tantas personas en ese sitio incordiaban, no podían dejar de mirarse, momento de buscar un lugar más tranquilo, mas privado. Salieron del encantamiento en cuanto oyeron una voz femenina que gritaba algo incongruente en tono molesto y a un sorprendido Alex se le despojaba de su peluca, esta estaba bien sujeta con un par de horquillas por lo que al irse se llevó varios de sus cabellos reales lo que resulto bastante doloroso.

Alex voltio para mirar a su agresora y un flash le golpeo la cara, Gloria se dio media vuelta para terminar de vengar la traición de la que se sentía víctima. Para cuando Alex pudo reaccionar era tarde, pudo arrebatarle el celular de las manos solo para ver que un mensaje en la pantalla anunciaba "tu foto se ha enviado correctamente"
La cita debería haber durado hasta las cinco o seis de la tarde pero apenas daban las dos y cuarto y ya había terminado. La pareja de novios trataba de consolarse pensando en que las cosas no siempre salen como se planea, lo cual era cierto, no había forma de haber predicho lo de la vieja del cine ni que se encontrarían con sus compañeros del futbol. Ir a pasar el resto de la tarde en la casa de Saúl no sonaba nada mal pero no podían dejar de sentirse decepcionados.

A quien más le afectaba la situación era a Alex, había tenido que pasar por todo ese entrenamiento al que le sometió Verónica, todas las tardes que había pasado en el cuarto de su hermana aprendiendo a maquillarse, los regaños cuando su comportamiento era demasiado masculino para una chica y las malas experiencias que sufrió las tres veces que le obligo a salir a la calle con vestido. Se suponía que este día todo ese esfuerzo se vería recompensado al poder pasar un tiempo romántico con Saúl, pero que casi le descubrieran le quito las ganas de seguir esto en algún otro sitio así como las ganas de intentar algo como esto de nuevo.

Se dirigían a la parada de autobuses cogidos de las manos, sin decir palabras, Alex con un rostro muy serio que miraba al piso y Saúl que pensaba en la forma de disculparse, después de todo esto de la cita fue idea suya así que se sentía responsable de que todo saliera mal. No quería que esa fuera su última cita, tenía que decir algo o hacer algo para que olvidara aquellos dos malos momentos y sobresaltar lo bien que lo pasaron andando juntos.

-Sabes, con esa cara tan seria te ves muy guapo -Saúl vio que Alex sonrió con ese comentario, eso era bueno, quizá si habría una segunda cita.

-Bobo -Saúl era un bobo, Alex estaba seguro de eso, como amaba que fuera así, amaba su boba sonrisa y esa mirada tierna, no lo podía negar le gustó mucho salir con él, a pesar de los malos momentos.

-Esa vieja parecía loca ¿no? -Tal vez si volvía lo ocurrido en un chiste, Alex, no le daría mucha importancia, parecía funcionar pues la pequeña sonrisa de antes ahora era más amplia.

-Sí, ¿te imaginas como será con su hija? -El brazo izquierdo de Alex rodeaba el brazo derecho de Saúl, se apegó tanto como pudo a su novio, era agradable sentir su cuerpo tan cerca.

-La debe haber controlado tanto que se ha deber vuelto una monja -Miro el brillo en los ojos de Alex, esos ojos color miel, lucían muy distintos a cómo eran normalmente, y al mismo tiempo no dejaban de ser los ojos que tanto quería, ¿Ese brillo era porque estaban juntos?
Reían mientras imaginaban las prohibiciones que la vieja les habría puesto a sus hijos mientras crecían, Saúl soltó una carcajada cuando sugirió que a la hija monja le obligaba a usar cinturón de castidad metálico como en la edad media.

Alex tenía que ser sincero, después de esto no volvería a usar vestido o pasaría mucho tiempo para que le volvieran a convencer de nuevo, así que debía terminar la cita de un modo mejor que ir a la casa de Saúl a pasar la tarde, se le ocurrió algo aunque no era muy de su agrado pues no le gustaba bailar y menos en público, pero confiaba en que su disfraz lograría mantener oculta su identidad y así soportar mejor un posible ridículo público.

-Saúl, ¿recuerdas que Verónica nos dijo sobre una discoteca cercana?

-Sí.

-¿Te gustaría que vayamos para allá?

-Pero a ti no te gusta bailar.

-¿Quieres ir o no? - Esto lo pregunto en tono que denotaba incomodidad, ¿No entendía Saúl que lo estaba haciendo para pasar tiempo con él?

-Claro que si -A la final no había tenido que convencer a Alex, pero no le debía estar resultando fácil, había que aprovechar antes que se arrepintiera.

No les costó mucho averiguar la dirección de la discoteca, eran como unos quince minutos de caminata. En el camino se detuvieron a comer en un carrito de comida rápida, había que reponer las fuerzas para el baile.

Se sentaron en unos bancos que el dueño del carrito había dispuesto para su clientela. Saúl le pareció curioso el modo en que Alex se había sentado, juntas las piernas hasta las rodillas pero de ahí para abajo un tanto separadas y las puntas de sus pies formando una flecha.

-Pervertido -fue lo que le dijo Alex a Saúl cuando se percató que le estaba mirando las piernas, pero al decirlo sonreía ¿le gustaba que Saúl admirara sus piernas?

Se llevó una papa frita a la boca de la cual solo comió la mitad y la otra mitad se la dio en la boca a Saúl quien la aceptó gustoso, acto seguido le dio un beso en la mejilla, beso que también acepto con gusto.

Terminaron de comer, se sentían listos para ir a bailar, su cita ya había sido interrumpida dos veces pero se sentían confiados de que todo iría bien ¿Que más les podía pasar?
Alex y Saúl, parte 20

-Te quiero comer a ti -Fue la respuesta de Saúl cuando Alex le preguntó "¿Que quieres comer?"

Alex quedo sin saber que decir, como tampoco pudo evitar que se le subieran los colores al rostro, lo que sumado a las trenzas de su peluca le daban un aire de chica tierna e ingenua.
Saúl aprovechó que su pequeña fiera seguía sin reaccionar para abrazarle por detrás.

-Comenzaría con la oreja -Decía mientras hacia un ademan con la boca como si de verdad le fuera a morder- Luego seguiría con el cuello...

Ya no podía mas, que su novio le abrasara así, que le besara así le encantaba y le hubiera gustado dejarle continuar pero había mucha gente al rededor y de seguir así sí que hubieran llamado la atención.

-¡Suéltame! -Le había dado un codazo para poder librarse de el - Que no ves que nos comienzan a mirar - Se giró para quedar frente a Saúl y parándose de puntitas le beso en la boca- Quizá más tarde -Se alejó dejando a su novio sin palabras y con el rostro con varios tonos de rojo.

Alex estaba consciente de que estaba bastante inmerso en su papel de novia, ese comportamiento no era propio de él, tan cariñoso, tan dulce, tan tierno, tan... tan femenino, pero estaba bien, siempre que fuera con Saúl estaría bien. De vez en cuando por su mente pasaban imágenes de lo que sucedería si alguien le llegaba a darse cuenta de que era en verdad un chico, seguro que su papa iba a poner el grito en el cielo. Sintió que Saúl le tomaba de la mano y sus miedos se disiparon, quería estar con él y ser su pareja, solo eso importaba hoy.

Caminaban por el patio de comidas leyendo las diferentes ofertas, ¿pizza? no, ¿hornado? no, ¿chaulafan? tal vez. Iban sin mucha prisa, pasear así tomados de la mano les hacía olvidar el hambre, era como un sueño del que despertaron abruptamente.
Alex apenas tuvo tiempo de dar media vuelta y cubrir su rostro, Saúl no supo que pasaba hasta que oyó aquella voz tan conocida.

-Amiga ¿le espanto al perro? -Era Mauro que venía junto con Douglas, ambos eran compañeros del equipo de futbol donde jugaban Alex y Saúl.

Alex los alcanzo a ver mientras ellos tenían fija la mirada en una chica de pantalones ajustados que pasaba junto a ellos. Estaba casi seguro de que le habían reconocido, tenía el rostro casi topando una pared, calculaba cuanto tiempo le tomaría llegar a la salida más cercana, y se preguntaba cuan rápido podría correr con estas sandalias de tacón que estaba usando.

-¡Aja! has tenido novia y no te has contado -Douglas sonreía, y estiraba el cuello para ver más detalles de la acompañante de Saúl, de espaldas parecía bastante bonita ahora quería ver como estaba de frente- pero preséntanos que no te la vamos a robar... todavía.

-Oigan panas -Estaba mal, la situación estaba mal, tenía que deshacerse de Mauro y Douglas sin que sospecharan de la verdadera identidad de aquella chica que trataba desesperadamente de cubrir su rostro, tenía que buscar una excusa que fuera creíble- Es la primera vez que salgo con ella y me costó convencerla, como le ven es tímida y no quiero incomodarla, no quiero que se vaya a ir, así que ahorita no les presento, otro rato ¿ya?

-Bueno, bueno, ahorita ya les dejamos solitos a los tortolos, pero... -Ese `pero´ que Mauro agrego fue acompañado por una sonrisa- pero mañana nos tienes que contar todo lo que hicieron, especialmente si se dejó hacer los toques.

-Ya, pero para irnos por lo menos dinos como se llama la amiga -Douglas pensaba que si la chica estaba tan buena como se la imaginaba se le iba a cruzar a Saúl.

-Alejandra, se llama Alejandra -Saúl en ese momento estaba tan presionado que no se le ocurrió otra cosa, si ese par no se iba empezaría a sudar.

-Ya no les molestamos más -dijo Mauro al tiempo que chocaba su mano con la de Saúl- que la goce bonito.

-Nos vemos, pana -Douglas también choco su mano con Saúl a modo de despedida.

Alex sintió que le rodeaban los brazos de su novio en un abrazo tranquilizador y su voz le repetía "No te preocupes, ya se van" Alivio, un gran alivio recorrió su cuerpo que ahora parecía de trapo y con gusto se hubiera dejado caer en el piso para descansar, le parecía que hubiera corrido una maratón, pero los brazos de Saúl no le dejo caer, sí, querría estar así un rato más, ese abrazo era mejor que dormir en el piso.

-¡Hasta luego Alejita! -Mauro y Douglas de pronto recordaron que no se habían despedido correctamente de Alejandra, lo hicieron al unísono mientras pasaban, no lo suficientemente cerca para reconocer el rostro de Alex pero si como para que los oyeran los enamorados, y mientras se alejaban soltaron una molesta carcajada.

-¿Alejita? -Interrogó Alex

-Luego te cuento, ahorita mejor nos vamos.
La película había empezado pero eso no importaba mucho ni para Alex ni para Saúl, lo que querían hacer era buscar lugares juntos que estuvieran alejados de otros que estuvieran ocupados, no deseaban que los fueran a interrumpir.

Encontraron puestos en las primeras filas, al principio fingieron interés en lo que decía el tipo en la pantalla, pretendía ser gracioso y por las risas de los de las filas de atrás debía serlo, pero según Alex aquel actor era mas pesado que una piedra, según Saúl no estaba tan mal, lo que pasaba era que para Alex sino había al menos una persecución con coches y explosiones en los primeros diez minutos de película, esta resultaba aburrida.

Poco después aparecía una chica de aspecto inocentón y algo torpe que terminaba tropezando de forma muy poco creíble con el sujeto gracioso, a Alex realmente le estaba aburriendo toda esa situación y Saúl lo notó.

-Sabes, tu podrías hacer el papel de chica linda en una de estas películas –Dijo Saúl en un intento para que Alex se sintiera mejor.

-¿Yo, como actriz? –A Alex le encantó que Saúl pensara eso o era que en aquel lugar oscuro los ojos de él parecían tener un brillo especial, pero era ridículo que alguna vez llegara a interpretar a una chica en una película.

-Claro, tu cara es bastante mas bonita que la de ella –lo dijo señalando a la inocentona que había vuelto caer en los brazos del sujeto gracioso.

-Eres un bobo –dijo con una sonrisa Alex decidiendo que le iba a seguir el juego a Saúl- lo haría solo si tu fueras a actuar conmigo –deslizó sus dedos en los dedos de Saúl.

-Sería una película muy cursi –Saúl se las arregló para envolver con su brazo a Alex.

-No importaría si tu fueras mi galán –para este momento sus rostros estaban tan juntos que el uno podía sentir la respiración del otro.

Alex le dio un beso en la mejilla a Saúl y este correspondió con uno en el cuello de Saúl, pronto estuvieron besándose sabiendo que la oscuridad de la sala del cine los escondía de miradas curiosas.

Tan embelesados estaban que no notaron que la sala se fue llenando poco a poco, salieron de su trance cuando la voz de una mujer mayor les amonestó.

-Una señorita decente no anda dando esos espectáculos –la mujer tenía el pelo corto canoso y parecía tener más de sesenta y cinco años- mira nomas como traes la falda que ya se te ve todo.

Ambos se sentaron rectos en sus asientos y Alex arregló su falda.

-Junte las piernas que así esta sentada como si fuera hombre –fue el regaño de la señora mayor.

Había pasado más de media hora de película y a Alex le pareció una eternidad, quizá se hubiera quedado hasta el final de no ser por que a la señora mayor se le daba por narrar todo lo que pasaba en la película y hacer predicciones de lo que pasaría.

Le dijo a Saúl que prefería irse antes que seguir oyendo a la señora, él aceptó por que incluso el que era amable y paciente no podía aguantarla más.

Era una y media por lo que decidieron ir al patio de comidas a lo mejor ahí tendrían mas suerte.
Alex deseaba ver el final de la saga de su espía preferido pero todas las entradas estaban agotadas para todas las funciones, Saúl prefería ver una de terror pero estaban clasificadas como para mayores de dieciocho años por lo que no les permitirían entrar, las otras opciones eran una película experimental francesa, una animada con animales parlantes y una comedia romántica, se decidieron por esta última aunque no con mucho entusiasmo, pero al parecer ambos intuían que poco o nada importaría la película una vez que se apagaran las luces.

Fue Saúl quien fue a comprar las entradas mientras Alex esperaba en una banca, se sentó juntando las piernas como le había enseñado Verónica pero no le parecía una posición muy cómoda por lo que prefirió pararse y caminar un poco, se detuvo frente a la vitrina de un almacén de ropa para chicas, miró un conjunto de blusa negra con unos pantalones cortos al cuerpo de color azul y comenzó a pensar si le quedarían bien, miró el precio y calculó que necesitaría unos dos meses para reunir el dinero con lo que recibía cada semana, tendría que dejar de comprar algunas cosas pero era seguro que lo podría comprar. Estaba tan concentrado en sus cálculos que la voz de la dependienta le causo un sobresalto.

-Siga señorita, puede probarse la ropa sin ningún compromiso, le puedo mostrar ropa que a usted le quedaría muy bien.

-Eh… no gracias solo estaba viendo –dijo Alex mientras se retiraba caminando con paso veloz a ver si Saúl ya había comprado las entradas.

¡Idiota! Se repetía a sí mismo mentalmente, ¡idiota! ¿Por qué estaba pensando en comprar más ropa?  Si la falda que estaba usando era solo por hoy, no iba a necesitar mas conjuntos, el era un chico y a diario seguiría usando su ropa, trató de convencerse que inconscientemente se preparaba para futuras salidas con su novio, pero la verdad era que le encantó aquel conjunto tan femenino y quería usarlo, sintió que algo estaba pasando dentro de sí y le asustaba.

La fila no había avanzado mucho y había aumentado de tamaño, después de buscar un poco pudo distinguir a Saúl, a este ritmo entrarían cuando la película ya estuviera empezada. Alex no quería sentarse por lo que se fue a apoyar en una columna, decidió no contarle nada de lo que había pasado a Saúl, primero aclararía sus ideas y luego vería, quizás esta cita le ayudaría a pensar mejor.

De pronto Alex tuvo la sensación más repugnante de toda su vida, comenzó con un ligero roce en la pierna, luego pudo sentir como una mano recorría su muslo hasta meterse por debajo de su falda, finalmente un dedo de la mano invasora recorría el encaje de su ropa interior. Ya estaba, no lo iba a aguantar más, un pensamiento le cruzaba la mente y se había apoderado totalmente de él: venganza.

Saúl oyó un grito y pudo ver que había alguna clase de alboroto e instintivamente supo que estaba relacionado con Alex, le pidió a una señora que le cuidara el puesto en la fila mientras iba a ver que era lo que sucedía. Cuando llegó pudo ver que un guardia del centro comercial sostenía a su novio que trataba de liberarse para seguir castigando a un hombre de unos sesenta años que se encontraba tirado en el piso, Alex le había dejado un ojo morado y de la nariz le salía un chorrito de sangre.

-¿Qué paso?

-Ese viejo pervertido me mandó mano –Alex estaba fuera de sí, el guardia casi no podía contener a la pequeña fiera que clamaba sangre por la ofensa recibida.

-¿Cómo? –La idea de que alguien más tocara a Alex enojaba mucho a Saúl, tanto que no le importaban las canas de aquel viejo, también quería golpearlo y lo hubiera conseguido de no ser por que un segundo guardia apareció y lo detuvo.

Los dos se quedaron abrazados mientras veían como los guardias escoltaban al viejo a la salida, al parecer Alex no había sido su primera victima y ya lo tenían fichado.

-¿Te encuentras bien? –Saúl pensó que Alex iba a pedir que se fueran de ahí.

-Aún siento su asquerosa mano en mi cuerpo, hasta me dan ganas de vomitar.

-Casi lo matas.

-Lo hubiera hecho de no ser por el guardia.

-Alex, no te alejes de mí, no quiero que algo así te vuelva a pasar.

-Se defenderme, no tienes que estar cuidándome.

-Ya se, pero si te dañan de alguna forma yo… por favor no te alejes de mí.

-Está bien –a Alex le pareció tan lindo que Saúl se pusiera en plan protector que no se pudo negar.

Se dieron un rápido beso y cogidos de la mano se dirigieron a comprar las entradas para el cine.
Alex temblaba, Saúl pudo sentirlo mientras le sostenía la mano, temblaba y aún no podía levantar la cabeza, no lo podía creer.

A pesar de su menudo cuerpo él siempre había sido el mas fuerte de los dos, siempre dispuesto a medirse con quien se le pusiera en frente y mucho mas si se trataba de defender a algún amigo, siempre yendo por el camino difícil tan solo para demostrar que podía hacerlo. Pero aquí estaba alguien radicalmente distinto, una chica tímida e insegura que temblaba de miedo y detestó esa imagen y se odió a si mismo por haber forzado esta situación. No era Alex con un vestido, no sabía quien era, pero no era Alex.

Alex sentía que miles de ojos clavaban sus miradas en él ¿o era ella? No sabía como sentirse, pero le parecía que pronto alguien gritaría "travestí" mientras le señalaban con el dedo y pronto todos se estarían riendo de él. Peor aún, que algún conocido se daría cuenta de quien era y se lo contaría a todos, a sus amigos, a sus vecinos, a sus profesores y sus padres, que sería rechazado por todos los que alguna vez le había importado y que se quedaría solo. ¿Por qué había aceptado todo esto? Estaba asustado y quería llorar. De pronto Saúl lo rodeó con sus brazos y el calor de su cuerpo era muy agradable.

-Perdóname –Saúl hablaba con voz suave tratando de consolarle- yo solo quería que tuviéramos  una cita como una pareja de novios común, pero no pensé que te fueras a poner así. Si quieres nos vamos  a mi casa, te presto algo de mi ropa y nos quedamos ahí hasta las seis ¿te parece bien?
Alex respondió que sí moviendo tímidamente la cabeza, se tomaron de las manos y se dirigieron a la salida.

Al ser sábado el Centro Comercial estaba a reventar cientos de personas iban y venían entretenidos en sus compras y sus paseos, seguro que había muchas parejas teniendo sus respectivas citas en aquel momento y entre todo ese mar de gente, Alex notó que nadie se fijaba en él ni en su novio, estaba tomado de la mano de Saúl y nadie le importaba y se había sido el kit de todo este asunto, poder pasar juntos sin que nadie les moleste. Miró su reflejo en el vidrio de una vitrina de un almacén de ropa y apenas pudo reconocerse ¿le reconocería alguien si le viera de lejos? Se comenzó a preguntar que cual era la posibilidad de encontrarse con alguien conocido, no iban a cruzarse con todos sus amigos precisamente hoy. A parte que con todo lo que había aprendido de Verónica seguro que podía convencer a la mayoría de que era una chica. Además no lucía nada mal con esas ropas.

Alex tomó una decisión, nunca le había huido a un reto y no le iba a huir a este.

-Espera un momento –Alex se paró en seco y se puso frente a Saúl- no te muevas.

-¿Qué haces?

-Estoy haciendo una prueba.

-¿Qué clase de…?

-Shhh.

Colocó sus manos en el rostro de Saúl y parándose de puntitas le dio un beso rápido, y luego sin quitar sus manos, chequeó a un lado y a otro, nadie regresó a verlos.

-Alex ¿me vas a decir que estas…?

-Shhh.

Volvió a pararse de puntitas y le dio otro beso a Saúl, solo que esta vez mas largo, se separó y miró alrededor, no, a nadie parecía importarle lo que estaba haciendo, sí, a lo mejor esto sí funcionaba.

Quitó sus manos del rostro de Saúl y luego le abrazó y apoyó su cabeza en el pecho de él.

-Vamos al cine –La voz de Alex se oyó mas natural, era su voz de siempre.

-¿Seguro?

-Claro que sí.

-Vaya ¿por qué el cambio? Hace un momento querías irte.

-Verás, creo que todo esto lo planeaste por que eres un bobo pervertido que querías que usara una falda para poder verme las piernas, pero sea como sea ya estamos aquí así que tengamos la cita y veamos a donde nos lleva esto.

-No es que lo haya planeado así, pero esa faldita hace que se te vean muy bonitas las piernas.

-Bobo –dijo Alex mientras le lanzaba un golpe en el costado a Saúl.

Saúl se frotó ahí donde había recibido el golpe y sonreía por que había recuperado a su querido Alex.
-Hola –dijo Saúl cuando vio que la chica era en verdad Alex, tuvo que examinarla bien durante un par de minutos.

Llevaba una blusa color crema que tenía el cuello amplio que casi dejaba al descubierto los hombros, se podía ver las tiras de un sostén blanco, las mangas eran cortas, Saúl no podía decir si Alex estaba usando un cinturón o era un adorno de la blusa, la falda era negra plisada y llegaba hasta un poco mas arriba de las rodillas, sus piernas tenían un cierto brillo producido por la medias nylon, usaba unas sandalias que se abrochaban en los tobillos, tenían unos tacos de cinco centímetros. Alex no parecía un chico de catorce años sino una chica de dieciséis.

Es peluca –dijo Verónica cuando Saúl extendió su mano para tocar el cabello de Alex quien seguía sin decir palabra y mirando al piso- Si vieras el trabajo que me dio para peinarla, yo quería hacerle algo bonito, pero ella necia, ningún peinado le parecía bien y a la final le tuve que dejar en trenzas por que no me había dado cuenta de la hora. ¿Te gusta su maquillaje? Lo hizo ella solita.

Así que se había maquillado sin ayuda, quería verle el rostro pero  seguía bajando la cabeza, así que Saúl puso la mano en el mentón de Alex y gentilmente logró hacer que sus miradas por fin se encontrarán, sus parpados tenían un tono celeste, sus labios eran de un rosado muy leve y sus mejillas parecían sonrojadas, aunque esto último podía no ser por el maquillaje.

-No esta mal para ser la primera vez que lo hace sin ayuda –dijo Verónica mientras les tomaba una foto con su celular- ya le enseñaré a hacerlo mejor. Pero ya digan algo no se van a pasar solo mirándose  así todo el día.

-Estas… -Comenzó Saúl pero fue interrumpido por Alex.

-Dónde te atrevas a decir guapa, bonita, preciosa o algo parecido te mato.

-…lindo.

-Dile linda, por que todo este día va a ser una señorita y si alguien te oye tratarle como a un chico seguro que le descubren, no querrán eso ¿verdad?

-Tu hermana tiene razón –acotó Saúl, Alex no pudo decir nada, le daba verdadero miedo que alguien le reconociera y se lo contara a los demás, especialmente a sus padres.

-¿Y cuál es el plan? –preguntó Verónica.

-Pues, nos vamos al cine, luego a comer algo y de ahí a los videojuegos –contestó Saúl.

-Mmmm, lo del cine y comer esta bien pero lo de los video juegos no me convence, mmmm, ya, por acá cerca hay una disco que tiene matiné para jóvenes hasta cinco de la tarde, podrían ir a bailar pegaditos, seguro que lo disfrutan mas que estar en los videojuegos.

-Yo no bailo – dijo Alex.

-Bueno, era solo una sugerencia –Verónica miró su reloj- yo tengo mi propia cita así que me voy.

-¿Te vas? –Alex puso cara de miedo.

-Claro que sí, no creerás que voy a quedarme a cargar el arpa, cuando acabe su cita me llamas para traerte tu ropa de chico, eso sí no me llames antes de las seis de la tarde.

Se acerco a los enamorados y les tomó de las manos -Espero que les vaya bien y disfruten de este día –Habló dirigiéndose a Saúl- Alex se encuentra con muchos nervios, trátale con cariño –Ahora se dirigió a Alex- entre mas pronto te calmes mejor lo pasarás –separó sus manos dejando las de Alex y Saúl juntas- Chao.
El Centro Comercial estaba cerrado.

-Señor ¿Qué no abren a las nueve y media? –Preguntó Verónica al guardia que estaba parado junto a la entrada.

-De lunes a viernes, los sábados y los domingos se abre a las diez – respondió el guardia.

Eso le quitaba media hora al tiempo que Verónica consideraba necesario para que Alex estuviera totalmente presentable para su cita.

-Busquemos otro sitio por acá cerca –dijo Alex- debe haber un restaurante o algo.

-Creo que no hay nada

Se veía en su rostro que algo estaba planeando, se acercó al guardia y le habló en voz baja.

-¿No nos podría dejar entrar a usar el baño? Es que sabe mi hermanita tuvo un "accidente" –esto lo dijo en un tono aún mas bajo, como diciendo un secreto- es la primera vez que le pasa, es una emergencia, por favor señor.

Alex notó que el guardia le miraba un tanto raro, se sonrojó y desvió la mirada, no pudo oír lo que le su hermana le dijo pero sabía que era algo muy indiscreto.

-Yo tengo una hija de esa edad –dijo el guardia- espéreme un momento señorita –se alejó unos pasos y habló a través de su radio, unas palabras después regresó- Bien, pueden pasar, pero se van directamente al baño y no pueden visitar ningún almacén hasta que den las diez.

-Muchas gracias –dijo Verónica que llevaba de la mano a Alex quién no podía mirar directamente al guardia.

-Vero ¿Qué fue lo que le dijiste para que nos deje entrar?

-Eso no importa, Alex, ya entramos y ahora hay que arreglarte.

Eran las once en punto, Saúl había llegado con  media hora de anticipación y ya comenzaba a impacientarse, apenas era la hora así que trato de calmarse.

Desde el miércoles no lo veía para hacer caso de las indicaciones de Verónica, trataba de imaginarse como se vería el pequeño Alex con ropas femeninas y sobre todo si toleraría durante todo el día estar vestido así, le conocía su mal carácter y a lo mejor lo del vestido no era buena idea, se había mentalizado en que si Alex quería irse a la casa el no iba a ponerle peros, pero aún así rogaba para que Alex durara durante toda la cita, realmente quería hacer todas esas cosas que hacen los enamorados.

Once y diez, aún no era muy tarde solo un ligero retraso, no había de que preocuparse, seguro que había tenido algún inconveniente pequeño y ya debía estar en camino.

Once y cuarto, todavía no era tarde, seguramente el tráfico lo había retardado, ya debía estar en camino, ¿sería bueno llamarle al celular para preguntarle donde se encontraba? Mejor no, seguro que Alex se enojaba y cancelaba todo.

Once treinta ¿Y si se había arrepentido y se había regresado a la casa? Sacó el celular y su dedo se debatía entre marcar o no marcar.

Once cuarenta, lo mas seguro era que lo había dejado plantado, estaba devastado, lo mejor era irse a casa, miro alrededor por última vez, aunque sabía que no lo vería. Comenzó a caminar rumbo a la salida cuando oyó que alguien le llamaba a gritos.

-¡Saúl! – Era Verónica que venía muy apresurada- perdón por llegar tarde, pero tu novia no quería colaborar.

Fue entonces cuando vio que detrás de ella venía una chica pelirroja que tenía el pelo recogido en dos simpáticas trenzas.
El día había llegado, era sábado por la mañana y Alex y Saúl tendrían su cita.

Verónica y Alex saldrían temprano, según los cálculos de Verónica preparar a Alex le tomaría como una hora y media, Alex insistía en que podía hacerlo solo pero no lograba convencer a su hermana mayor, ella sospechaba que si dejaba sola a Alex podía arrepentirse y no presentarse a la cita, no iba a permitir eso.

-¿Ya estas listo? – preguntó Verónica mientras golpeaba a la puerta del cuarto de Alex.

-Sí, ya voy –respondió Alex al rato que iba abriendo la puerta.

-¿Te pusiste lo que te dije?

-Sí –Verónica le había "sugerido" que se pusiera la ropa interior que le había comprado la semana pasada – Pero ¿es necesario que me lo ponga desde ya? Se siente muy incómodo.
-Por eso mismo, para que te vayas acostumbrando.

Alex estaba usando el calentador del colegio y le daba la impresión de que este era muy delgado y dejaba entre ver la inconfundible forma de la ropa interior femenina, se resigno a salir así, afortunadamente la chompa del calentador le quedaba algo grande por lo que se la puso y la cerró hasta el cuello, rogaba que con esto puesto nadie notaria lo que usaba.

-Esta haciendo calor, sería mejor que quitaras la chompa.

-No, así estoy bien.

-Bueno, al fin y al cabo después te vas a cambiar de ropa – Verónica revisaba la maleta en que llevaba todo lo que usaría Alex en la cita, estaba catalogándolo todo para verificar que no faltaba nada- creo que estamos listas, vámonos.

Bajaban por las escaleras, Verónica hablando de lo que harían apenas llegaran al Centro Comercial, Alex escuchando y asintiendo.

-Ya volvemos, la bendición mamá – gritó Verónica mientras cruzaban la sala.

-Dios les bendiga mijos, vendrán pronto – Se le oyó desde la cocina a su mamá desde la cocina.

-Ya se van las señoritas de compras –dijo Andrés, el hermano mayor, que miraba la tele recostado en el sofá.

-No jodas, huevón –replicó Alex.

-¡Chá! ¡Pero si! Ya les he dicho que no se traten así –Dijo mamá mientras alzaba la voz- sigan así ya van a ver como les va.

-Cara de niña –Le dijo Andrés a Alex en un tono muy bajo
.
-Carehuevo – Le respondió Alex en el mismo tono mientras era jalado hacia la puerta por Verónica.

Salieron y Andrés siguió mirando la tele, había molestado a su hermano desde hace años y hoy había sido como tantas otras, pero por algún motivo esta vez le pareció raro, algo era diferente.
Alex siempre era el último en salir, siempre esperaba a que todos salieran, su fama de peleonero hacía que tuviera muy pocos amigos y ninguno de ellos en esta clase, así que prefería evitarlos finalmente el aula quedó vacía, Alex tomo su mochila, y salió para su sorpresa Saúl le estaba esperando.

Al ver al pequeño Alex, Saúl se emocionó, fue directamente hacia él, le quería abrazar y darle un beso pero fue parado en seco por un golpe de su novio.

-¿Qué te he dicho? – dijo Alex con un tono muy serio.

-Nada de "esas cosas" en público –Saúl se sobaba el costado donde le había golpeado- pero es que no te he visto desde el viernes pasado.

Alex miró alrededor y parecía que no los miraba nadie, empujó a Saúl adentro del aula, cerró la puerta y parándose de puntillas le dio un beso rápido en la boca, luego lo abrazó y apoyó su cabeza en el pecho de él.

-¿Así esta mejor?

-Mucho –dijo Saúl mientras envolvía a Alex con su brazos- en serio te extrañe.

-Bueno, ya vámonos –dijo Alex mientras se separaba- no vaya a ser que nos descubran. Acompáñame al bar a comprar algo de comer.

Iban por el pasillo sin decir palabra, Saúl quería preguntarle muchas cosas, pero Alex en la escuela siempre era muy reservado y no gustaba de conversar, pero tenía que preguntarle y saber por que de su ausencia.

-Sabes, lo he pensado mucho y creo que si realmente no quieres hacer eso de la cita pues nos podemos olvidar de ella y seguir viéndonos en mi casa como siempre…

-No –respondió Alex con una cara muy seria- después de lo que he tenido que pasar por esa cita, donde te atrevas a cancelarla te mato.

-¿Y que has tenido que pasar?

-Mi hermana Verónica sabe de nosotros y le gusta mucho la idea, demasiado, y ha estado dando clases de cómo ser una chica, y la verdad es que a veces resulta un tanto pesada.

- ¿Y cómo se enteró? – De pronto se dio cuenta de que en la rubia cabellera de Alex habían unos pequeños mechones azules que comenzaban casi en la coronilla y le terminaban cayendo por la frente.

-Fue por tu culpa.

-Mi culpa.

-Sí, tu culpa y tus comentarios de que tengo cara de niña.

-¿Es que ella nos termino oyendo o que?

-Es tu culpa y punto –Saúl terminó aceptando la culpa, aunque no sabía como la tenía.

-Alex, ¿por qué no has venido a mi casa? ¿Por qué no he podido encontrarte en el recreo, ni a la salida del colegio?

-Por que no quería verte.

-¿Qué?

-Es idea de Verónica, dice que era mejor no vernos hasta el día de la cita para que te sorprendas con lo mucho que he cambiado.

-O sea que no es por que de verdad no quisieras verme.

-Claro que no, bobo, yo también te extrañe.

Saúl se sintió muy aliviado al oír que Alex también le había extrañado, pensó en cogerle la mano, pero se contuvo por que su novio no le gustaban los cariñitos en público, aunque fue buscando por si acaso encontraba un aula vacía.

-Sabes, mis papás también saben sobre nosotros.

-¿Se los dijiste tu, Saúl, o como se enteraron?

-Si se los conté yo, y ellos quieren que te invite a la casa para cenar todos junto.

-Yo ni loco.
Ya era miércoles, Saúl andaba un poco inquieto debido a que no había visto a Alex desde la semana pasada, comenzó a tener miedo de que se hubiera arrepentido de la cita y lo estuviera evitando.

Faltaban diez minutos para el recreo, Gloria miraba fijamente  a Saúl que se sentaba dos puestos a la izquierda, él tenía la mirada perdida y parecía ensimismado, ella se estaba preguntando si se estaría tomando valor para confesarle su amor, como estaba segura de que lo haría, pero ya estaba tardando lo que la tenía con los ánimos bajos.

¿Sería que Saúl se estaba arrepintiendo? ¿Sería que se enamoró de otra chica? No, eso no era posible, la única persona con la que él se veía era Alex, no le había visto con ninguna otra chica. Finalmente se decidió, si Saúl no se le declaraba lo haría ella y lo haría este día.

Sonó el timbre del recreo y Saúl salió rápidamente rumbo al aula de Alex, en este momento debía estar en laboratorio de química, tenía tantas ganas de verle  que no se dio cuenta que Gloria salió detrás suyo.Gloria iba tras Saúl pero no podía seguirle el paso, no importaba, hoy era el día en que finalmente serían oficialmente novios, le iba a poder besar como lo había hecho tantas veces en sus fantasías. Ella estaba casi corriendo y aún así no podía alcanzarlo, de pronto Saúl se mezcló con la multitud y lo perdió de vista, hoy era el día, así que lo buscaría y lo encontraría.
Estaban ya en el veinteavo almacén, y si a Alex andar con un vestido todo el día le parecía molesto, estarce probando ropa en cada almacén al que entraban era peor, Verónica insistía en que se pusiera cada conjunto hasta encontrar el ideal.

Decía que Alex tenía que lucir perfecta para su novio, que su hermana insistiera en tratarlo como a una chica le resultaba desconcertante y chocante, pero había dejado de corregirla para que le tratara como a un chico después de la milésima vez, no es que se hubiera acostumbrado, pero trataba de ignorar ese hecho, sabía que era un chico y con eso bastaba, un chico con una falda pero chico al fin.

Tras la insistencia de Alex, Verónica accedió a que ya solo fueran a tres locales más y luego regresarían a la casa, se habían detenido frente a una vitrina, observaban un conjunto que parecía cumplir con todos los requisitos que Verónica estaba buscando, a él le daba igual con tal de poder ponerse nuevamente sus pantalones, así que estaban a punto de entrar preguntar precios y ver si tenían en la talla de Alex como lo habían hecho ya en los otros diecinueve almacenes cuando se oyó un silbido a sus espaldas.
-Uy,  que cosa tan bonita –Un chico delgado y algo más alto que Verónica les miraba, por su expresión parecía que se las estaba imaginando desnudas.

Estaría usando un vestido, pero seguía siendo un hombre y sentía la obligación de defender a su hermana, no podía dejar que aquel tipo morboseara así a su hermana, por lo que le salió al paso al tipejo para reclamarle.

-¡Oye, tú! ¡No te le quedes viendo así a mi ñaña! –Alex se había puesto en modo de ataque, listo para cualquier movimiento extraño que intentara aquel chico, para todo excepto…

-Pero si la cosa no era con ella –dijo el chico, mientras sonriendo se le acercó y le tocó con la mano la mejilla- yo me refería a ti preciosa
Alex se quedó petrificado y no supo como reaccionar, ¿Qué estaba bonita? ¿Era broma? Para empeorar la situación el acosador estaba empezando a rodearle con el brazo.

Verónica se dio cuenta que su nueva hermana era mucho mas atractiva de lo que había pensado y que era tiempo de rescatarla, pero no fue necesario, Alex  finalmente reaccionó, había oído historias sobre su hermano dándole palizas a tipos mas grandes que él, pero no se las creía por considerarlas exageradas, un solo golpe directo al estomago fue lo que necesito Alex para deshacerse del acosador y dejarlo sentado en el piso sin poder levantarse.

-¡A mi solo me toca mi novio! –gritó Alex sin pensar.
Ante el escándalo salió el guardia del almacén para ver que pasaba, después de que Verónica le contara lo sucedido, le pidió al chico que se retirara.

-Con que solo te toca tu novio ¿eh? –Le dijo Verónica a Alex al oído, quien no respondió nada y prefirió mirar hacia otro lado –Por eso mismo es que deber lucir hermosa el día de su cita, para que te toque.

¿Qué había querido decir con ese último comentario? prefirió no darle importancia e insistió en que ya compraran algo para poder irse a la casa.

-Si el vestido que vimos en la vitrina te queda, ya solo nos quedaría ir a ver los accesorios y listo.

-¿Pero que no era solo el vestido?

-Claro que no, también hay que comprarte zapatos, una cartera, ¡ah! y ropa interior.

-¡No! Ni loco voy a irme a probar ropa interior a los almacenes.

-Bueno, tendré que compárate unos de caja, solo tienes que decirme tu talla, pero de ahí solo nos quedaría otro asuntito más.

-Nada vergonzoso ¿verdad?

-Tranquila, Alex, solo tienes que decirme ¿quieres ser rubia, morena o pelirroja?
-Es rosado – Durante toda la semana, Alex, había tenido que aguantar los regaños de Verónica, "enderézate" "no camines como pato" "cierra las piernas", eso sumado a las lecciones de maquillaje y ahora esto- ¿No tienes otro?

-Este vestido te va a quedar bien y es solo mientras te conseguimos algo mejor – Era sábado y dentro de una semana Alex tendría su cita con Saúl, era necesario comprarle ropa para que estrenara ese día – Solo póntelo.

-Ya, bueno ¿y dónde me cambio? – Estaban en una calle cerca del centro histórico, un poco mas allá se encontraban varios almacenes de ropa pero entre esta calle y los almacenes no había ni un baño público ni nada parecido donde pudiera cambiarse.

-Pues aquí, mira te quitas la camiseta, te pones el vestido y luego te quitas los pantalones –Era un vestido de una sola pieza sostenido por dos tiras, tenía unas rayas horizontales de un rosado un poco más oscuro- Apúrate que ahorita no hay nadie.

-Ya que – No de muy buena gana Alex lo hizo, en estos días había aprendido que si el tenía mal carácter el de su hermana podía ser peor.

Verónica guardo la ropa de su hermano en la mochila en la que había traído el vestido y de la cual sacó unas sandalias para completar el atuendo de Alex. Le peino con todo el cabello hacia abajo para hacerle una especie de cerquillo y con unos invisibles colocados estratégicamente pudo darle un peinado bastante femenino a pesar del poco cabello que Alex tenía. Para terminar un poco de brillo labial y un poco de sombras en los ojos, se veía precioso.

El condenado vestido solo le llegaba hasta las rodillas, estaba soplando un viento frío bastante molesto, había pensado que no se pondría un vestido hasta la mentada cita, pero ahora tendría que pasar todo el día usando esta ropa para hacer compras con su hermana, ¿compras?, fue en ese momento en el que se dio cuenta.

-Ñaña ¿con que plata vamos a hacer compras?

-Ah, estaba reuniendo para comprar un celu nuevo, pero esto es más importante.

-Yo te lo pagaré, todo lo que gastes hoy te lo pagaré algún día.

-Sí, algún día te lo cobrare. Pero enderézate que así parece que tuvieras joroba.

Alex iba a contradecir a su hermana pero cerro la boca y obedeció, después de todo Verónica se estaba tomando muchas molestias para ayudarle, así que se enderezó y trató de caminar como le había enseñado, ¿tenía que caminar todo el día así?, que fastidio.

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Saúl seguía a Alex, luchaba con el impulso de abrazarlo y besarlo ahí mismo, pero si intentaba acercar su mano al hombro de Alex este le miraba mal. Se dirigían a una pequeña caseta ubicada en el patio de atrás del colegió, antes había sido alguna especie de bodega pero ahora estaba abandonado, no era precisamente un sitio romántico pero por lo menos nadie solía ir por ahí.

Apenas entraron y serraron la puerta pudo darle un beso a Alex y el respondió de la misma manera, dejándose envolver por los brazos de Saúl y pasando sus manos por debajo de su camisa.

-¿De que hablabas con Gloria?

-¿Celoso?

-Claro que no ¿pero de que hablaban?

-Le iba a pedir que fuera nuestra cómplice.

-¿Cómo?

-Sí, mira, creo que en el algún momento podríamos necesitar de alguien que nos cubra para poder salir juntos o algo por el estilo, ella siempre ha sido buena amiga y se que podemos confiar en ella.

-Ella ¿sabe de nosotros?

-No, se lo iba a contar cuando tú llegaste.

-Creo que es mejor que no le digas nada.

-OK

Permanecieron  un buen tiempo mas intercambiando besos y caricias, pero sabían que pronto sonaría la campana dando por terminado el recreo, por lo que se arreglaron y salieron de la caseta para dirigirse al aula teniendo cuidado de que no los vieran salir.

Saúl pensaba insistirle un poco con lo de la cita, pero no tuvo que, por que en el momento en que iba a abrir la boca Alex se le adelanto.

-¿Cuándo crees que podríamos salir?

-¿Te vas a poner el vestido?

-Sí.

-¿Y por que el cambio?

-No preguntes ¿Cuándo crees que sería?

-¿Te parece bien el sábado de la próxima semana? Mis papás no van a estar, se van a ir a Ipiales en Colombia para traer mercadería, volverán el domingo de noche.

El sábado de la próxima semana, eso le daba diez días para prepararse.

-Me parece bien.

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